El Longboard llegó a nuestras ciudades como un “Skate old school” en un principio no muy reconocido, pero actualmente se está convirtiendo en una moda entre jóvenes y adultos. Cada vez se ven más “tablas largas” rodando por la ciudad y ciudadanos con accesorios e indumentaria, marcando una tendencia y dando lugar a sentirse perteneciente a un grupo.
Un Longboard es un patinete más largo de lo habitual y, a veces, de forma más amplia. Al ser más ancho, otorga más estabilidad, seguridad y comodidad que un patinete normal. Su tamaño y peso dificulta la realización de trucos, pero ambos contribuyen a que tenga un movimiento fluido y pueda recorrer una mayor distancia con un solo impulso.
Su origen reside en los años 70 en California. Algunos jóvenes buscaban la manera de matar el tiempo montados en sus “tablas sobre ruedas”. La transformación se dio de manera natural, casi sin proponérselo. El skateboard evolucionó junto con la nueva corriente callejera que imperaba en esos días: el longboard. Pronto, los riders, que formaron parte de aquella época dorada, empezaron a agitar un poco más el panorama, y el fenómeno de las longboards comenzó a crecer.
Los neologismos han proliferado a lo largo de los años y las disciplinas (street, pool, sliding, free style, carving) se han multiplicado. La verdad es que utilizar el longboard tiene muchos beneficios ya que es un vehículo no contaminante, ameno y asequible.
Los que lo utilizan aseguran que no es por el mero hecho del deporte en sí que lo practican, sino por la ecología, por la libertad, por la adrenalina y por las mismas ganas de sentirse vivos. Muchos de ellos coinciden en que el “longboard es sinónimo de independencia”.






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